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Samoth describe la experiencia
como casi una sensación sagrada. "Había
una puerta pequeña debajo del altar donde
vertimos varios galones de gasolina, lanzamos
un fósforo, y después corrimos de
nuevo al coche." Condujeron toda la noche
para llegar de nuevo a Oslo y al infierno. "Había
una sensación extraña en el coche,"
Samoth me dice en su voz suave, su pelo largo,
oscuro casi que obscurecía sus facciones.
"el tiempo era tempestuoso, tronando y sin
parar de llover. Estábamos en una estrecha
carretera local sin otra luz excepto nuestras
luces largas."
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